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Volvió Maravillosa Tupiza!

Mudarme me estresa, pero esta vez es relajado porque vendí los muebles y solo tengo que trasladar bolsones de ropa. También estoy relajado porque el fletero es divino y está sobrio. Es la primera vez que me toca un fletero sobrio. El anterior estaba muy borracho y se reía mucho. Mi madre, en llamas, le decia, “señor, usted estuvo tomando?”. El tipo le respondía que no, y se cagaba de risa. Yo quería indignarme también pero ¿quién soy para juzgarlo? Chicos, yo cogí en la mesa de un instituto de inglés en el que trabajé hace mucho, y luego di clases como si nada a niños de siete años, quienes apoyaban sus carpetas en la cochina mesa.

El fletero mayor se llama Cacho. El otro, el peón, no sé. Le pregunto y sonríe. No se comunica. Es un mono. Yo me hago el simpático pero en cuanto insinúan que ayude con algo les digo que tengo un problema de columna. Lo único con lo que colaboro es con un velador rojo porque si se llega a romper, me muero. Al sacarlo ya no queda nada en el departamento. Cierro la puerta. Pienso que en un rato voy a estar mudado y este lugar va a quedar en el pasado. Un pasado de gloria, de chicha y fiestas en las que terminábamos en un estado calamitoso, arrastrándonos por el suelo y muriéndonos de risa.

Ya está. Es hora de decirle adiós no solo al departamento sino a Once, el barrio de mis sueños. Ya no volveré a vivir acá. Ya no veré esta foto de Thalia promocionando prótesis dentales. Ya no me querrán robar, ni me perseguirán travestis por la calle. Quisiera ir a abrazarlos a todos y despedirme pero no lo haré pues aún guardo algo de sentido común.

Me subo al camión del flete y Cacho me habla sobre cómo se inunda Cañuelas. Asiento a todo lo que dice y digo “uhh” en los momentos oportunos. No sé ni qué es Cañuelas. Creo que es un aceite. Miro por la ventana. Me despido de los hoteles demenciales que hay en la calle Urquiza y de los chorros de la esquina. Luego de media hora llegamos al lugar en el que voy a vivir hasta que me vaya de viaje: la casa de mi madre.

“Mariano, no seas pelotudo, primero tenés que subir las cajas y después las bolsas con ropa”. Así me recibe ella, impoluta en la puerta del edificio, sosteniéndola para que no se cierre. Odio que me diga Mariano. Quiero que me llame Martín como todos. “Mamá, TE CALMAS!”. Me mira, soberbia, y tengo ganas de cagarla a tiros pero me quedan tres meses de convivencia así que me sereno. La portera aparece como un cuervo, feliz, aferrando sus garras en la cara de un cuerpo sin vida, “volviste? qué alegría!”. Yo estoy transpirado, con olor, y no me lavé los dientes. Me cruzo con otra vecina que me dice algo parecido, “qué bueno tenerte de vuelta”. Sé que todos piensan que soy un fracasado y por eso vuelvo a lo de mi madre. Les digo que me voy de viaje por el mundo. Me felicitan. No me creen.

Ya están todas las bolsas en el living. Una montaña de cosas que no sé cómo voy a hacer para acomodar sin que el departamento termine pareciendo un rancho. Los fleteros se van, y mi mamá también. Hoy trabaja, por suerte. Si hay algo peor que volver a la casa de mi madre, es tenerla supervisando cada movimiento. Quiero hacer esto solo. Me siento raro. Estoy melancólico, y cuando estoy así prefiero estar solo y escuchar baladas de Thalia.

Entro en mi ex habitación. Están todas mis cosas: mi cama de una plaza, una torre de CDs de cuando era adolescente, mi biblioteca. Los gatos se frotan en mis piernas. Hay una paz que me había olvidado que existía. En comparación a avenida Rivadavia, esto parece una casa en el medio de la montaña.

Ahora estoy sentado en el escritorio que usaba cuando tenía 20 años. Diez años más tarde vuelvo, y le digo adiós a mi departamento, a mi vida independiente, a las fiestas en casa, pero aún no le digo hola a la vida que se viene, a los aeropuertos, a Cairo, a New Delhi, a Asia. Estoy acá, en el limbo, ni en el pasado ni en el futuro. Presente.

Bienvenidos a mi blog. Esta vez vamos a pasar mucho más tiempo juntos porque este viaje no es como los otros. No son vacaciones de dos meses, sino que me voy por tiempo indeterminado.

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About Martín Cirio

23 comments

  1. Ay Hermoso que emoción que volves a viajar porque viajo espiritualemente con vos, me imagino que soy la china puta jijiji. En serio me re alegro por vos.

  2. Bienvenido al limbo! Que disfrutes tus últimos meses en Baires…

  3. Amo, amo! <3

  4. Qué lindo volver a leerte, hermoso! La primera aventura es volver a vivir con tu madre sin matarla… guarda con eso porque si lo hacés te revocan la visa.

  5. Como seguidora del blog de Agos me siento en la obligación moral de seguir este blog que pinta enviciante como el otro.
    Dejen de hacer blogs entre las maratones de breaking bad y seguirlos a uds me voy a quedar sin hija, marido o vida!

  6. Me sumo al blog. Lo que vas a hacer me encanta y mucho. Te sigo leyendo y te acompaño porque lo que estas haciendo algún día lo voy a hacer yo también. 🙂

  7. Qué bueno todo lo que estas generando en tu vida, cuantos cambios desde que te conocí, te voy a seguir en tu viaje leyendo tus vivencias, me hace feliz verte así, Gus… Martín…Mariano segun tu mamá, mi Romeo infiel.
    un abrazo intenso como los que nos dábamos hace 7 años, besaso! jejeje

  8. Q buena noticia es que vuelvan tus aventuras!!!! ya disfrute tu anterior viaje y no pienso perderme este!

  9. Martin !adhiero a comentarios anteriores por Agos se que sos su hermano Sol ,viaje con los dos leyéndolos por Bolivia,si mal no recuerdo por Carlos Kent y ahora ando por India con la hermana tuya.
    Me sumo a seguirte por el Mundo !y sueño con las locuras que compartirán en enero!jaja
    Bien viaje!!!

  10. Permiso, me sumo a tus seguidores! està muy bueno esto. Voy a viajar con vos leyéndote, y me voy a reir de lo que te rias. Admiro tu espíritu libre. A volar……. Este besito es para vos!

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