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Gustavo Bermudez tiene mal aliento

Marcelo me da besos suaves y me lame partes del cuerpo que no deberían ser lamidas, como las axilas y la palma de la mano. Yo me hago EL CALIENTE, el actor porno, y gimo como si estuviera en un frenesí de placer, pero en realidad estoy más consciente que nunca. Consciente de todo lo que está pasando: la remera que tiré al piso y se debe estar arrugando, el viento del ventilador que me da en los pies y me da frío. Me quiero poner medias pero creo que no da estar en bolas con las medias puestas. Encima traje medias largas. La tele está prendida y en telefe están pasando una novela malísima onda Dulce Amor, pero no es Dulce Amor. El protagonista es Gustavo Bermúdez, que tiene cara de mal aliento.

Marcelo está muy entusiasmado. Me abraza y me dice que quiere comprar una muñeca inflable y ponerle mi cara, porque mi cuerpo es muy cómodo. Me parece un horror lo que me dice. No sé si intenta ser un piropo o qué. Yo debería dejar de caretearla porque con mis gemidos debe pensar que estoy en éxtasis. Empiezo a moverme despacio para que se de cuenta de que la onda viene tranquila, pero no capta. Pasada media hora le digo, “¿acabamos?”. Yo pienso en Pablo, un tipo que me garché y fue genial. Él se frota contra mi pierna como un perro. Intento no mirarlo así sigo en mi fantasía con Pablo, pero visto de afuera estoy mirando la novela de Gustavo Bermúdez, tocándome mientras un tipo se frota contra mi pierna.

Acabamos, y si todo era un espanto antes, imaginen ahora que el efecto calentura se fue.

– Uy che, qué bueno que estuvo!
– Sí, genial.
– ¿Nos vamos a bañar?
– Dale, ¿vas vos o yo primero?
– Martín, deja las estructuras. Vamos juntos, dale.

Amo a los tipos que no te conocen y te quieren analizar diciendo cosas como, “sos muy irónico vos. Eso es un mecanismo de defensa, ¿sabés?”. Fierrazo en la nuca.

Estamos en la ducha y seguimos haciéndonos los calientes. Yo trato de ponerle onda pero estoy incómodo. Él me acaricia, me da besos, se pone atrás mío y me abraza. Mi cara queda justo abajo de la ducha. Un chorro hirviendo me da en la frente y quiero morir en este instante. Me sigo haciendo el sexy igual. Digo, “uy, que bueno!”. Parezco una boluda en una propaganda de shampoo. Bañarse con alguien debería estar penado por la ley. La ducha es diminuta y está al lado del inodoro. No hay divisiones en el baño. Es 1×1. Bidet, indoro, ducha. Todo junto. Es bastante practico si lo pensamos seriamente. Podría lavarme los dientes mientras cago y me ducho, todo a la vez. Ahorraría tiempo.

– ¿Querés usar jabón o solo enjuagarte?

Rata inmunda, largá el jabón de Precios Cuidados. Me tuve que pajear mirando a Gustavo Bermúdez, mínimo merezco bañarme con jabón.

– Si no te jode prefiero usar jabón.

Cuando terminamos, nos cambiamos, volvemos al living y me dice que tiene hambre. Saca unas galletitas de agua, dulce de batata y queso de la heladera. Hace sanguchitos. Me ofrece y le digo que no. Me parece una combinación tan marginal que de repente tomar mate cocido me parece de persona elegante. Le digo que me abra la puerta así me voy.

– Che, banca que coma y bajo a abrirte, ¿dale?

Extraño mucho tener una buena cita y sentirme conectado con alguien. Estos encuentros pedorros me sirven para escribir el blog nada más, pero me encantaría encontrarme con alguien que no me ofrezca comer queso con dulce de batata después de ducharnos. También pienso que dentro de poco me voy del país. ¿Para qué querría tener algo más?

– Hey, colgaste. Ya terminé, ¿te bajo a abrir?

Salimos del departamento y vamos hasta la entrada del edificio. En el camino me da besos. Yo me sigo haciendo el caliente, “uy, qué buenos besos”. Abre la puerta.

– Martu, la pasé muy bien con vos, me gustaría volver a verte, ¿qué te parece?
– Sí, obvio.

Me doy vuelta, agarro el celular y pongo Belinda a todo volumen. Me voy cantando Egoísta, no sin antes bloquearlo de Whatsapp para siempre.

About Martín Cirio

4 comments

  1. Genial Martín! A varias pasivas nos pasa eso de hacernos los que la pasamos bien cuando en realidad mentalmente estamos haciendo la lista de las compras. Pero es que nos da incertidumbre de saber si después se puede poner mejor.
    Ya cuando llegás a la paja con sustituciones, estas convencido de que todo fue un error.
    Y después de despedirte mintiendo “que genial que estuvo, hay que repetir” cuando en realidad no podés creer que no se de cuenta de lo deforme que es cogiendo, uno a veces, y por las dudas, guarda el numerito en un papel.
    Nunca se sabe cuando estemos tan desesperados de nuevo como para intentar repetir.
    Esa parte es donde nuestro costado de gorda puta arrastrada siempre se guarda un as bajo la manga.

    • Claro. Una, ILUSA TOTAL, se queda esperando que la situación remonte pero dejame decirte que JAMÁS REMONTA. Nos vamos con toda la dignidad pero conservamos el número PORSI, jiji, muy cierto.

      TE AMO.

  2. tus relatos me hacen acordar a ese programa de Mtv: NEXT!
    Genio.
    Este besito es para vos

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