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¿Se termina otra historia de amor?

“Este sorete se piensa que le voy a financiar la comida semanal, pero me voy a hacer respetar como Evita hubiese querido. Ay, la puta madre! Se me está yendo el colectivo! Te hago audio más tarde, amiga”. Corro hacia el 127 pero se va. Estoy en Medrano y Corrientes, son las once de la noche. Me espera media hora de chupar frío pues jamás tomaré taxi, aunque estoy tan del orto que el mal humor funciona como campera polar que me abriga y mantiene caliente. Hace un calor agobiante pero justo hoy hay viento y fresco. Me cago en dios.

Me apoyo contra el poste de la parada y abro Whatsapp de nuevo. Un viejo empieza a dar pasos discretos hasta quedar adelante mío. Este viejo muerte se piensa que por estar grabando audios no me doy cuenta de que se está colando. No me conoce. No sabe que soy LA FARAONA, la tutankamona del alto y bajo Egipto, y que soy capaz de acuchillarlo en cuanto se le ocurra levantar un pie para subirse al colectivo antes que yo. Pasa un rato largo. “Nene, ese que viene ahí es el 127?”, “no sé, viejo fascista y ventajero, no veo”. Es el 127, claro, pero yo estoy afilando mis garras. Esto es la selva. Somos dos animales mirando a una presa que se acerca. Cuando el colectivo está tan cerca que hasta un ciego puede ver que es el 127, el viejo levanta las manos, desesperado. Frena el colectivo. Avanzo. Soy una topadora. Me llevo puesto al viejo y le doy un mochilazo de yapa. “$3,5, por favor”. Me siento atrás de todo, pegado a la ventana y retomo el audio que dejé por la mitad.

Tres horas antes de que todo esto pasara, salí de trabajar en Microcentro y me fui caminando por Av. Corrientes hasta Almagro. ¿El plan? Quedarme a dormir en la casa de Patricio. Como íbamos a cenar, pasé por un chino y compré un par de jugos y un chocolate para que se lleve al trabajo al día siguiente. Llegué a su casa, entré y dejé mis cosas. “¿Me acompañás a comprar la cena?”, me dijo. Yo estaba transpirado y prefería bañarme y tirarme en el sillón, pero acepté. Cada vez que uno no quiere hacer algo, debería escucharse, pues para mí es Krishna que nos susurra al oído que no vayamos. Uno, necio, desobedece.

En el supermercado compramos queso, arroz y hamburguesas para la cena, y otras cosas que necesitaba él para su casa, tipo jabón. En la caja pagó él mientras yo embolsaba. Le di plata, esperando que dijera algo tipo, “no hace falta, vos ya compraste, y además también compré cosas para mí”, pero el muy rata aceptó la plata y encima me hizo un chiste, “me diste más de la mitad, jeje, te quedo debiendo!”. Mi cara fue tan de orto que hubiese molido a golpes a la china cajera desatando una batalla campal entre la mafia china y yo. Si hubiera tenido la mochila encima, me hubiera ido a mi casa sin mediar palabra, pero como dejé todo en su departamento, no me quedó otra que volver.

Mientras caminábamos intenté cambiar el humor del orto, sin éxito, claro. Estas cosas generan una mezcla de bronca e impotencia porque no da plantear el tema. ¿Qué diríamos en estos casos? “Che, no te parece que te estás pasando un poquito?”, “Hey, ¿no querés que te haga la compra de todo el mes también? O si preferís te doy una extensión de mi Visa”.

Llegamos a su casa, y me dijo, “Tin, me acabo de acordar que comí arroz al mediodía. ¿Comemos esto mejor?”, y abrió la alacena y sacó una bolsa de fideos caracol PRECIOS CUIDADOS de $6,50 marca CRISTINAVENDEMEDOLARES. Encima que compré todo me va a dar de cenar unos fideos precios cuidados. Mi cabeza a mil pensando qué hacer y cómo irme, y si está bien pedirle la horma de queso que compré, así me la llevo a mi casa. Ni loco voy a pasar la noche con este rata abrazándolo, escuchando sus problemas y haciéndole masajes en las durezas de los pies. Así que tuve una brillante idea.

Hice como que alguien me llamó al celular pero en realidad llamé yo, salí al balcón y me quedé hablando con Sol, mi jefa y amiga, durante 15 minutos, el tiempo que nos llevó pensar una excusa para irme y no volver a verlo nunca más. Cuando corté, abrí la puerta del balcón y entré en el departamento con cara de mi papá tiene cáncer.

– Patricio, me vas a matar pero me tengo que ir.
Silencio
– Bueno… te abro, pero, ¿qué pasó?
– Nada, una amiga quedó embarazada y va a abortar así que nos juntamos a charlar.
– ¿Pero qué podés hacer vos con eso?
– Puedo meterle una percha, yo que sé, ay Patricio no te pongas denso. Es una amiga y quiero estar con ella. Abrime.

Bajamos hasta la planta baja, me abrió y salí disparado. Escuché que se quedó hablandome y siguiendome unos pasos por la calle, pero saqué el celular y me puse a hacerle un audio a una amiga, ignorandolo completamente, queriendo que desaparezca. Caminé tres cuadras y llegué a avenida Medrano para tomarme el 127. Eran las once de la noche.

Off topic: esta vez seleccioné la foto del post pues tiene TOTAL que ver con lo que cuento. Estoy en UN CHANGUITO DE SUPERMERCADO, entienden?

About Martín Cirio

18 comments

  1. jaja y para qué le ofreciste pagar??? lo estabas testeando?

  2. Q pena!!!! venía tan bien… pero tampoco hay q dejarse vivir!!! bien Tutankamona!! 🙂 Besossss

  3. Por lo menos te lo hechaste? It seemed so promising!

  4. Seeee!! Patricio es una rataaa!! Tendria q caersele la cara.

  5. Ay bello mío. Te leo tan marimar que se me parte en alma. Rata apestosa, ojalá los patys le den salmonella.

  6. Hola Tupiza! hace poco descubrí tu blog y no pude parar de leerlo, me haces reir mucho! Sos igual de sorete que mi hermana, a quien amo totalmente, y un poquito más sorete que yo, que vengo a ser como una versión edulcorada de mi hermana.
    Así que me siento identificada con muchas cosas que contas, y especialmente con esta entrada. Yo también soy de medir que doy y cuanto me dan (y si se refiere a plata mas todavia, porque si hablamos de ratas creo que te gano hasta vos jeje). Pero me di cuenta de dos cosas en los últimos tiempos, 1) que los demás no tienen los mismos parámetros que uno, ni las mismas lineas de pensamiento, entonces muchas actitudes que tienen y que yo suponía que las tenían para cagarme, en realidad era por colgados o por cualquier otra razón, o a lo mejor sí me querían cagar, pero que no tenía forma de saberlo si no lo hablaba, y 2) que por no hablar las cosas perdí mucha gente copada en mi vida.
    Entonces nada, que a lo mejor, si este pibe pinta copado (como parece), capaz que vale la pena charlar con el sobre lo que sentiste y porque te fuiste así, porque es muy probable que el pibe no haya entendido nada de tu reacción de prófugo (te lo digo por experiencia jajaa!)
    Te aclaro que yo no soy de meterme en vidas ajenas ni de dar consejos (y menos en blogs), porque generalmente me importan un carajo los demás, pero bueno, se me colgó la fuckin pc y mientras reinstalo todo, se me dio por escribirte 😉
    Besossss y mucha suerte con tu viaje!!!! Paula

    • Me siento honrado por recibir tu mensaje. Estos vivos siempre son “olvidadizos” con la plata. Nada más se les olvida, solo pagar. Una YA TIENE CALLE Y LOS CONOCE y no me dejaré vivir.

      Y hablar de estos temas me parece incómodo. Me parece sentido común. Lo tenés o no. Si fuera mi novio bueno, lo hablo, pero a este lo conozco poco.

      Besoos!

  7. Rata, odio la gente rata, ayyyyy me acordé que comí arroz al mediodía, ventajeros: out. Rata. Lo bien que hiciste en irte. Un beso

  8. Te hubieses llevado el queso! No se lo merece! El odio que me da pensar que se va a lavar el culo con un jabón que vos le pagaste me da mucho odio!!!!!

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